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ENTREVISTAS

28-09-2018

Soledad Villamil y su latido musical: “El disfrute pasa por estar encendida en vivo”


Una bandera que diga "El amor es libre o está muerto". La frase se hace eco en los auriculares mientras Soledad Villamil mira por la ventana de uno de esos bares que saltan, en un segundo, de la primera persona del singular a la primera del plural. Un espacio de encuentro que pendula entre las hojas descascaradas y los pequeños capullos de una flor que, como canta en "La resaca", de seguro, "fue rezo en algún altar".

En Vicente López el mediodía tiene sol de brasas. Y conjuga. "Me gusta jugar con las palabras", cuenta. Y se siente. El amor y sus anagramas son paisajes siempre interesantes en su obra musical (cuatro discos en diez años). Sus diferentes acepciones, un pasaje generacional que se consolida. "Estamos viviendo una etapa de transición y, de a poco, vamos sacando al amor de los mandatos sociales", asegura la artista. Y cierra el concepto: "Cada vez nos acercamos más a lo que nos sucede y así nos conectamos con lo que está encendido. No importa el tiempo, el sexo o el momento. De ahí eso de 'es libre o está muerto'. Porque empezamos a romper con esa idea de que si nos casamos por iglesia es hasta que la muerte nos separe; o eso de que la soledad es un fantasma".

En este caso, Soledad es enjambre. Pieza cardinal de un proyecto solitario que aúna a decenas de personas, pareja de uno (el actor Federico Olivera) y reina de esos momentos que empiezan a aparecer a partir del crecimiento de sus dos hijas (12 y 17 años). "Estoy viviendo una vuelta. Desde un primer momento nos entregamos mucho a la tarea de ser padres. Pero ahora se siente una diferencia enorme. Me estoy redescubriendo. Haciéndome un tiempo y un espacio sin desvincularme. Soy muy emocional y es cierto que hay una parte de duelo. Como un terremoto. Pero lo interesante es lo nuevo".

Y en esta etapa cobra vida la composición. Ese ejercicio que comenzó a asomar a partir de "Morir de amor" (2009), su segundo disco, que ganó terreno en "Canción de viaje" (2012) y que se terminó de consolidar en "Ni antes ni después" (2017), donde se hizo cargo de casi todas las letras (excepto una canción inédita de Jorge Drexler). "Ahora estoy en la etapa de acumulación. En la gimnasia de darle curso a lo que aparece, sin juzgar", explica.

¿Qué tan observadora se volvió a partir de hacerse cargo de sus composiciones?

Soledad Villamil: Siempre tuve una libreta a mano para escribir lo que surge. Aquello que dispara y me lleva.

¿Cuánto de eso surge de lo que pasa en su casa y cuánto de lo que sucede en el exterior?

S. V.: A veces todo está unido. En el disco hay una frase que dice "para siempre es mucho tiempo", que es algo que dijo mi hija más chica hace como seis años mientras desayunábamos. Y, en su momento, lo anoté. Me parecía que tenía una potencia importante. En casa tenemos un pizarrón donde escribimos cosas y esa frase estuvo mucho tiempo. Pero también hay veces que recurro a aquellas anotaciones y me encuentro con palabras sueltas que me van llevando.

Hoy todo requiere una lupa, una herramienta de búsqueda. ¿Cómo se siente cuando encuentra eso que escribió hace un tiempo?

S. V.: Hay de todo. Pero muchas veces me pasa que son cosas que en su momento no resuenan y que luego tienen un brillo. Me pasa que hay canciones que hice más cerca de la edición de cada disco que quizá me cuesta cantar, y otras que no dejé de hacer nunca. Soy demasiado crítica conmigo, pero el paso del tiempo le da forma a las cosas. Lo que me marca y disfruto es estar encendida en vivo. Vibrar. Le escapo mucho a la mecanización porque lo más lindo es vivir ese misterio que vincula. Subir al escenario sin saber mucho de lo que va a pasar en la interacción con la gente.



¿Todo forma parte de un mismo juego? ¿Qué tan presente está el espacio lúdico en su vida?

S. V.: El juego pasa por darle lugar a lo que aparece. Es todo lo que está permitido. En otras profesiones eso se endurece un poco más, pero una actriz puede improvisar y jugar en cualquier momento. Y eso está presente en mi vida cotidiana. En mi casa. Con mis hijas. Todo puede tomar un cariz de juego. Y está buenísimo. Todos deberíamos tener más habilitado el espacio del juego.

¿La profesionalización del arte la lleva a perder el espacio del juego?

S. V.: Al contrario. Cada vez juego más. El juego necesita esa cuota de "no me importa". Cuando jugás bien al futbol y hacés cosas que te salen, te gusta más. Es una retroalimentación. Ahora me siento mucho más lúdica arriba del escenario.

¿Cómo recuerda ese primer escenario de la infancia?

S. V.: Cantaba en las reuniones familiares y en la escuela. Siempre era: "Soledad, cantá". En mi casa había un piano y una guitarra. Mis abuelos tenían una casa chorizo en La Plata, con toldos que subíamos y bajábamos para que hagan de telón.

¿Y para quién te presentabas?

S. V.: Para la familia y los vecinos. Invitábamos a todos y les cobrábamos entrada. Hacíamos una especie de varieté. Lo que más me divertía era prepararlo. Días y días discutiendo para que después todo suceda en un segundo. Todo ese juego de pensar, poner reglas, tomar decisiones. El juego en sí, es lo más efímero. Me gustaba más la organización que la actuación o que te aplaudan. Y hoy en día me sigue pasando lo mismo.

Dónde y Cuándo

Soledad Villamil se presenta mañana y todos los sábados de octubre a las 20.30 en el Torquato Tasso, Defensa 1575.

Estilo Villamil

Un destino: el sur argentino.
Una aerolínea: Aerolíneas Argentinas.
Un libro: "Tierra desacostumbrada", Jhumpa Lahiri.
Un disco: "The melody at night with you", de Keith Jarrett.
Un resto/bar: La Apasionada, Ayacucho 1383 (Florida, Vicente López).
Una serie: Love.
Un perfume: Verbena-L'Occitane.
Una marca: Pablo Ramírez.
Un toc: No poder dormir si no lavo los platos.
Un hobbie: las plantas.

Fuente: Ambito.com

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